Doctora en filosofía, investigadora del CONICET, analista de los
movimientos sociales y políticos, mujer comprometida con los
derechos humanos, Maristella Svampa se manifiesta abiertamente
contraria a la criminalización y judicialización de los conflictos sociales
y sostiene que hay sectores que han corporizado un sentimiento
antidemocrático en el que se incluye la reivindicación del crimen,
como ha ocurrido en Bariloche con el asesinato de tres jóvenes.
El peligro de las prácticas represivas y discriminatorias
Svampa fue entrevistada recientemente
en el programa
Juana Pimienta que dirige Liliana
Daunes por Radio Nacional y que
en esta oportunidad compartió
con Claudia Korol, su habitual columnista.
Un nuevo aniversario del asesinato
de los militantes sociales Darío
Santillán y Maximiliano Kosteki
sirvió para recordar la cruenta
represión que se produjo durante
el gobierno de Eduardo Duhalde
y para entrar en el análisis de los
efectos que han tenido aquellos
sucesos y otros de similares características,
entre ellos el crimen de
Carlos Fuentealba y el de los tres
jóvenes de Bariloche.
Korol quiso saber qué cambios
observaba Svampa dentro de la sociedad
desde entonces hasta nuestros
días.
–“Tanto los crímenes de Darío
Santillán y Maximiliano Kosteki
y el de Fuentealba –expresó Svampa–
señalaron puntos de inf lexión
política en la Argentina. Además
volvieron a desencadenar el miedo
a la gran represión, creo que es algo
que está instalado en un sector
importante de la sociedad argentina
y hace que efectivamente se
manifieste eso a través de un gran
repudio que coloca el lenguaje y la
defensa de los derechos humanos
en el centro”.
Para Svampa, “no todos los
crímenes ni todas las respuestas
represivas a movimientos sociales
son leídos o interpretados a través
de esa lectura. En la Argentina desde
2001, 2002, desde la gran crisis
hasta ahora, hemos visto que se
han expandido, multiplicado, los
movimientos sociales que reclaman
en términos de derechos
distintas cuestiones. Son movimientos
sociales muy diferentes,
que van desde los movimientos
de desocupados que efectivamente
siguen ocupando quizás no el
lugar central que tenían en esa
época, hasta las nuevas asambleas
socio ambientales que en los últimos
años se han desplegado por
la zona de la cordillera y la pre cordillera.
Y en ese sentido lo que hemos
visto es que efectivamente se
ha cristalizado, se ha consolidado
una suerte de respuesta por parte
de los distintos poderes del Estado,
hacia manifestaciones y demandas
ante las cuales difícilmente el Estado
pueda dar una respuesta satisfactoria
en un contexto de gran
desigualdad como este”.
CRIMINALIZACIÓN
Y JUDICIALIZACIÓN
Acerca de las respuestas que
parten del Estado, la entrevistada
sostuvo que “lo que hemos visto en
los últimos años es consolidar una
matriz claramente criminalizadora
y de judicialización del conf licto
social. Es cierto que una gran
represión como la que se dio el 26
de junio de 2002 difícilmente pueda
darse en las puertas de la ciudad
de Buenos Aires. Puede darse quizás
en el interior lejano y perdido,
sobre todo lejos de las cámaras de
televisión. Pero en general yo creo
que el poder político, el poder judicial,
son conscientes de que esas
respuestas no son toleradas por la
sociedad argentina”.
Svampa sostuvo que la respuesta
de la judicialización es la
más sistemática. “No es casual
–agregó– ni es algo aislado: se da
en todo el país. Por supuesto que
se dan episodios de represión pero
quizás no de la gravedad de los
que vivimos en otras oportunidades.
En los últimos meses tuvimos
que hacer distintas conferencias
de prensa para denunciar hechos
de represión y criminalización.
Recordemos lo de Andalgalá, en
Catamarca, el 15 de febrero, que
es una situación que perdura. Además,
no se ha resuelto nada lo que
había sido puesto en la picota y más
aún están siendo criminalizados y
estigmatizados los asambleístas”.
Maristella recordó que desde
1999 en adelante ha habido episodios
fuertes de represión y encarcelamientos
de dirigentes, entre
los cuales destacó los ocurridos en
Neuquén, en la zona cordillerana
con la persecución de comunidades
indígenas.
Otro tema abordado en la entrevista
estuvo referido a la situación
que se vive en el interior del
país.
“En las provincias, donde los
escenarios son o han sido tradicionalmente
más autoritarios,
debemos decir que la respuesta represiva
también continúa siendo
una norma”, enfatizó.
Consultada sobre la situación
que se vive en Gualeguaychú,
Svampa dijo que “el tema amerita
quizás una ref lexión más específica
porque interpela no sólo al
Estado argentino sino también al
uruguayo, nos coloca de frente a
un conf licto binacional en el cual
hay un tercero: Botnia, no nos
olvidemos, un enclave. Hay que
pensar en el funcionamiento de
los enclaves, en las grandes corporaciones
en toda América Latina.
Lamentablemente, el conf licto de
Gualeguaychú evolucionó hacia
una exacerbación del lenguaje nacionalista,
tanto de un lado como
del otro. Creo que la asamblea de
Gualeguaychú también cayó presa
de ese lenguaje nacionalista
motivado por el gobierno. No nos
olvidemos que el gobierno de Kirchner
defendió la causa de Gualeguaychú
en términos de causa
nacional y al cabo de tres años y
medio cuando efectivamente ya
se vio la disfuncionalidad política
de este corte, la judicialización fue
la respuesta del gobierno”
Sobre esa respuesta expresó
que “vino absolutamente exacerbada,
no fueron una o dos figuras
penales, fueron casi trece figuras
penales que buscaban imputárseles
a los asambleístas. Yo creo
igualmente que están en un impasse
los asambleístas, yo creo que
desde hace varios años ya que debían
haber ref lexionado sobre qué
tipo de estrategia podían haber
empleado para romper ese cerco
y abrir algún tipo de negociación
diferente. Pese a que no tenían
grandes expectativas acerca del
fallo de La Haya, había cierto imaginario
que se podría llegar a abrir
una nueva situación. No lo fue, sin
duda no lo fue.
Claudia Korol. ¿Qué va a
pasar en los próximos meses
con Gualeguaychú?
–“Yo creo que no hay que pensar
en absoluto que asistimos a la
desmovilización… es una sociedad
completamente movilizada
y más allá de las limitaciones que
presenta como movimiento social
–que yo creo que son muchas– se
ha instalado una suerte de conciencia
ambiental que es importante
rescatar”
Liliana Daunes. Desde
Blumberg a esta parte podemos
decir que otro sector social
que normalmente no salía
a la calle demandando, empezó
a salir a mostrarse. Hablamos
de Bariloche, General
Villegas y de la gente que se
manifiesta a favor de situaciones
digamos antidemocráticas,
por ejemplo la represión
y los asesinatos de Bariloche.
–Sí, es muy preocupante por
las consecuencias antidemocráticas
que tiene todo esto. En una
lectura de mediano y largo plazo
el de la seguridad es un tema que
está en la palestra pública, está en
la agenda desde hace tiempo, sobre
todo a partir del 2001 en adelante
y en el caso del movimiento que se
concitó alrededor del asesinato de
Axel Blumberg tomó también otra
dimensión porque se corporizó
una suerte de discurso político.
Aquello que aparecía –no digo
aislado pero sí fragmentado, que
no tenía una expresión política
determinada– se cristalizó en un
discurso netamente represivo y
revisionista. Hay muchas personas
preocupadas por la problemática
de la inseguridad en la Argentina,
pero esto no parece necesariamente
ligado a posiciones autoritarias.
Mucha gente piensa que los problemas
a resolver no tienen que ver
con mayor demanda de policías o
mayor demanda del orden o control
sino con educación, con salud
y con trabajo”.
EL CONTRASTE
POBRES Y RICOS
Svampa remarcó que “hay lugares
en donde el contraste entre
pobreza y riqueza es mayor, en
donde las situaciones de segregación
–uno podría decir espacial y
social– es mayor. Esto se corporiza
en una suerte de sentimiento muy
antidemocrático. En Bariloche
hemos visto una expresión muy
preocupante en una sociedad en la
cual estamos más acostumbrados
a asociar las movilizaciones sociales
con demanda de derechos, con
un lenguaje democrático también.
No es la primera vez pero sí aparece
como preocupante la reivindicación
del crimen, podríamos
decir una práctica, ya ni siquiera
un discurso. No es un discurso
de mano dura, sino una práctica
concreta, claramente represiva y
discriminatoria”.
ENTREVISTA A MARISTELLA SVAMPA
El peligro de las
prácticas represivas
y discriminatorias
Doctora en filosofía, investigadora del CONICET, analista de los
movimientos sociales y políticos, mujer comprometida con los
derechos humanos, Maristella Svampa se manifiesta abiertamente
contraria a la criminalización y judicialización de los conflictos sociales
y sostiene que hay sectores que han corporizado un sentimiento
antidemocrático en el que se incluye la reivindicación del crimen,
como ha ocurrido en Bariloche con el asesinato de tres jóvenes.
Maristella Svampa
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