jueves 23 de febrero de 2012 |
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HUMOR, PERO NO TANTO
Casamiento entre católicos
Estoy completamente a favor de
permitir el matrimonio entre
católicos. Me parece una injusticia y
un error tratar de impedírselo. El catolicismo
no es una enfermedad. Los
católicos, pese a que a muchos no les
gusten o les parezcan extraños, son
personas normales y deben poseer
los mismos derechos que los demás,
como si fueran, por ejemplo, informáticos
u homosexuales.
Soy consciente de que muchos
comportamientos y rasgos de carácter
de las personas católicas, como
su actitud casi enfermiza hacia
el sexo, o la defensa a ultranza de
sus ministros pederastas o de sus
arzobispos perseguidos por delitos
económicos, pueden parecernos extraños
a los demás. Sé que incluso, a
veces, podrían esgrimirse argumentos
de salubridad pública, como su
peligroso y deliberado rechazo a
los preservativos. Sé también que
muchas de sus costumbres, como la
exhibición pública de imágenes de
torturados, o las insinuaciones de
zoofilia entre una mujer y un palomo,
puedan incomodar a algunos. E
incluso el que no hayan condenado
su pasado bañado en la sangre de
víctimas a las que llamaban, según la
época, infieles, herejes, rojos o liberales;
o espolvoreado con las cenizas
de científicos, curanderas (brujas) o
simples enfermos mentales.
Pero todo eso no es razón suficiente
para impedirles el ejercicio
del matrimonio.
Algunos podrían argumentar
que un matrimonio entre católicos
no es un matrimonio real, porque
para ellos es un ritual y un precepto
religioso ante su dios, en lugar de
una unión entre dos personas.
También, dado que los hijos fuera
del matrimonio están gravemente
condenados por la iglesia, algunos
podrían considerar que permitir
que los católicos se casen incrementará
el número de matrimonios
por “el qué dirán” o por la simple
búsqueda de sexo (prohibido por
su religión fuera del matrimonio),
incrementando con ello la violencia
en el hogar y las familias desestructuradas.
Pero hay que recordar que
esto no es algo que ocurra sólo en las
familias católicas y que, dado que no
podemos meternos en la cabeza de
los demás, no debemos juzgar sus
motivaciones.
Tampoco debemos juzgarlos
si creen que la mujer es inferior al
hombre, e indigna, por ejemplo, de
ejercer el magisterio dentro de su
secta o iglesia. Y aunque eso violente
un principio básico de cualquier
constitución civilizada, no por ello
debemos ser con ellos tan estrictos
como ellos intentan ser con los demás.
Por otro lado, el decir que eso no
es matrimonio y que debería ser llamado
de otra forma, no es más que
una forma un tanto ruin de desviar
el debate a cuestiones semánticas
que no vienen al caso: aunque sea
entre católicos, un matrimonio es
un matrimonio, y una familia es una
familia.
Y con esta alusión a la familia paso
a otro tema candente del que mi
opinión, espero, no resulte demasiado
radical: También estoy a favor de
permitir que los católicos adopten
hijos.
Algunos se escandalizarán ante
una afirmación de este tipo. Es
probable que alguno responda con
exclamaciones del tipo de “¿Católicos
adoptando hijos? ¡Esos niños
podrían hacerse católicos!”. Veo ese
tipo de críticas y respondo: Si bien
es cierto que a los hijos de católicos,
y al contrario que, por ejemplo,
ocurre en la informática o la homosexualidad,
los inscriben en su secta
sin que hayan alcanzado la mayoría
de edad, sin consultarles, y sin poder
borrarse después, violentando
la Ley de Protección de Datos, con
el fin de obtener beneficios fiscales
de difícil justificación, ya he argumentado
antes que los católicos son
personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos
y a los indicios, no hay pruebas evidentes
de que unos padres católicos
estén peor preparados para educar
a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente
sesgado de un hogar
católico sea una influencia negativa
para el niño. Además, los tribunales
de adopción juzgan cada caso individualmente,
y es precisamente su
labor determinar la idoneidad de
los padres.
En definitiva, y pese a las opiniones
de algunos sectores, creo que
debería permitírseles también a los
católicos tanto el matrimonio como
la adopción.
Exactamente igual que a los informáticos
y a los homosexuales.
Un abrazo
Gaita
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