lunes 6 de febrero de 2012 |
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Las Abuelas de Plaza de Mayo fueron incluidas entre las personas e instituciones que se destacan en el mundo para recibir el Premio Nóbel de la Paz que anualmente se otorga a quienes se destacan por su lucha en favor de la paz. La nominación de Abuelas fue impulsada por el senador justicialista Daniel Filmus, cuya propuesta acaba de ser aceptada por la Real Academia de Ciencias de Suecia. Una síntesis de la historia de las Abuelas de Plaza de Mayo, contaba por su fundadora y primera presidenta Chicha Mariani, aparece en el libro La Abuela de Hierro escrito por el autor de esta crónica en 1995
Abuelas nominadas para el Premio Nóbel de la Paz
CÓMO NACEN LAS
ABUELAS
Había transcurrido más de un
año del golpe militar del 24 de marzo
de 1976 cuando se produjo el encuentro
entre dos de las numerosas
mujeres que a esas alturas tenían un
problema común: la búsqueda de
sus nietos robados por la dictadura
militar. Cada una andaba por su lado,
tratando de encontrar respuesta
a su caso particular sin imaginar que
otras mujeres –que por entonces se
contaban por decenas- estaban recorriendo
el mismo camino impulsadas
por las mismas razones.
–“Señora, la veo muy sola…
la verdad es que me da mucha
pena verla tan sola en esto”.
–María Chorobik de Mariani
tardó un tiempo en captar el mensaje
que le estaba transmitiendo la juez
de Menores Lidia Pegenaute, ante
quien había recurrido por la desaparición
de su nieta Clara Anahí, una
de las criaturas que el mismísimo general
Ramón Camps entregó “para
que les encontraran nuevos padres”
como el propio genocida reveló a una
revista española.
Cuando, por fin, la señora de
Mariani comprendió lo que estaba
sugiriendo aquel mensaje de la jueza
Pegenaute, se animó a dar el paso.
–“¿Usted conoce a otras personas
que tienen el mismo problema
que yo?” preguntó tímidamente
Chicha Mariani.
La jueza Pegenaute asintió con
un gesto de alivio.
Era el impulso que le estaba faltando
a la señora de Mariani para
completar la pregunta.
–“Entonces… ¿me podría facilitar
el nombre de alguna de ellas?”.
Lidia Pegenaute saltó literalmente
de su asiento, corrió hasta un armario,
sacó una carpeta y comenzó a
dictar; “Alicia de De la Cuadra, calle
tal número tal, La Plata”.
Esa misma mañana, la señora de
Mariani fue a ver a la persona que la
jueza le había dado. “La sonrisa con
la que Licha de la Cuadra me recibió
en su casa aquel día de octubre
de 1977 fue un gesto fraterno que
penetró hasta el fondo de mi alma”
dice Chicha Mariani al evocar aquel
lejano encuentro, preludio del nacimiento
de Abuelas de Plaza de Mayo.
–“Digo que el recibimiento que
me brindó Licha penetró en mi alma
porque por aquellos días eran
pocas las personas que se acercaban
para alentarme, para solidarizarse.
Uno veía rostros adustos, actitudes
esquivas… el por algo será ya había
prendido en mucha gente. Tener un
desaparecido en la familia era una
condena que uno llevaba sobre sus
espaldas”.
Isabel de Mariani estaba buscando
a su nietita que militares y
policías se llevaron de la casa de su
hijo Daniel, donde la criatura estaba
al cuidado de su madre el 24 de
noviembre de 1976 cuando fuerzas
combinadas destruyeron la vivienda
y dieron muerte a Diana Teruggi
de Mariani. La criatura tenía tres
meses. Daniel Mariani no se encontraba
aquel día en su casa de la
calle 30 entre 55 y 56, pero meses
después fue muerto por efectivos
militares en la calle de un barrio de
La Plata. Daniel era economista y
trabajaba en el Consejo Federal de
Inversiones (CFI).



TESTIMONIOS PARA
CARTER
Días después de aquel encuentro
entre Mariani y De la Cuadra se produjo
la llegada de Cyrus Vance, enviado
del presidente James Carter.
La presencia del funcionario norteamericano
en Buenos Aires dio lugar
al primer acto organizado por aquellas
mujeres que estaban buscando a
sus nietos. Doce abuelas decidieron
entonces elaborar, en forma individual,
un escrito para ser entregado
a Vance. La entrega de cada testimonio
debía hacerse en el momento
en que el enviado de Carter fuera a
depositar una ofrenda floral al pie del
monumento al general San Martín
en la plaza homónima.
“Nunca podré olvidar la fuerte
impresión que tuve al llegar a la plaza
y verme rodeada de tantos militares”
recuerda la señora de Mariani, la primera
presidenta de Abuelas de Plaza
de Mayo.
Cuando finalizó la colocación de
la ofrenda floral por parte de Vance,
cada una de las abuelas que habían
asistido al acto se filtró entre los efectivos
militares para entregar su testimonio
al enviado del presidente norteamericano.
“Yo no había podido
acercarme hasta Vance para entregar
el documento cuando, de pronto, en
medio de tanto alboroto, se me acerca
una mujer bajita, muy dinámica y
resuelta, que me pregunta:
–¿Entregaste tu testimonio?
–No, no pude, no pude, le respondí.
–¡Dámelo!, me dijo al tiempo que
me lo arrancaba de las manos y salía
como un rayo detrás de Vance hasta
que le dio alcance y le entregó el testimonio.
Aquella mujer era Azucena Villaflor,
la primera presidenta de las Madres
de Plaza de Mayo, secuestrada
luego por un grupo de tareas de la
Marina junto a las dos monjas francesas
Alice Dumont y Leonid Duquet
y otras personas, cuyo paradero
sigue desconociéndose hasta hoy*.
“Aquella fue la primera y última
vez que vi a Azucena” dice Chicha
de Mariani.
La visita de Vance a la Argentina
se produjo el 21 de noviembre de
1977, de ahí que las Abuelas de Plaza
de Mayo tomen como referencia
aquel día para establecer la fecha de
su fundación.
JCM
N. de R. Del libro La Abuela de Hierro, año 1995,
páginas 95, 96, 97, 98.
* Al momento de escribir la entrevista con
Chicha Mariani (1995), no se sabía el destino
que habían tenido Azucena Villaflor y las otras
personas secuestradas en la Iglesia de Santa Cruz
el 8 de diciembre de 1977. Diez años después (julio
de 2005) el Equipo de Antropología Forense
logró identificar los cuerpos de Esther Careaga,
María Bianco y Azucena Villaflor, las tres madres
que habían sido arrojadas vivas al mar junto con
la monja Leonid Duquet y la militante social
Ángela Aguad. Los restos fueron hallados en el
cementerio
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Efrain
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