Felipe y Marcela Noble
suscribieron una solicitada
dirigida a la opinión pública
en la que exponen sus
puntos de vista acerca de
la conflictiva situación que
viven por las denuncias
que pesan contra Ernestina
Herrera de Noble, su
madre adoptiva acusada
de apropiarse de ambos
en 1976. El texto de la
solicitada que se publicó en
varios medios nacionales,
dice lo siguiente
Solicitada de los hijos de Herrera de Noble
Últimamente escuchamos, vemos y
leemos cosas que no son ciertas. Hablan
de nosotros sin conocernos, sin
saber cómo somos, qué pensamos o
qué sentimos.
Nunca quisimos hacer de nuestra
intimidad algo público. Pero
nos sentimos maltratados y no queremos
que nos lastimen más. Por
eso, ante tantas falsedades, decidimos
escribir esta carta y contarles
la verdad.
Nuestra madre es directora de
Clarín, diario que hoy soporta una
campaña muy fuerte de ataques
oficiales. Y nosotros tenemos miedo
de habernos convertido en una
pieza más de esa embestida. Pero
más allá de todo eso, para nosotros
nuestra madre es simplemente
nuestra madre.
La persona que hace 34 años, en
uno de los mayores actos de amor
que existen, nos eligió como hijos.
La que siempre nos habló con la
verdad. La que desde que tenemos
uso de razón, nos dijo que somos
adoptados.
Con ella construimos lo más
importante que tenemos: una familia.
Gracias a ella aprendimos
desde chicos a valorar las oportunidades
y a conocer las responsabilidades.
Nos inculcó los valores y nos
dio las herramientas para desarrollarnos
como personas. Nos educó
en la libertad para elegir nuestro
propio camino en la vida.
Desde hace años vivimos algunos
episodios que no buscamos
pero que tratamos de afrontar con
serenidad. Nuestra identidad viene
siendo manoseada por intereses
políticos, ajenos a nosotros.
Todo eso nos marcó y nos hace
sufrir. Pero también sirvió para
reafirmar lo que sentimos y lo que
pensamos. El vínculo con nuestra
madre es para nosotros lo más
importante. Como tantos hijos
adoptados, no conocemos nuestro
origen biológico, pero como cualquier
persona hemos forjado nuestra
identidad a lo largo de nuestras
vidas.
Nunca tuvimos ningún indicio
concreto de que podamos ser hijos
de desaparecidos.
Hace años, dos familias que
buscan a sus nietos se presentaron
ante la Justicia y alegaron que
podríamos ser nosotros. Aunque
nada indica que podamos serlo, en
2003 aceptamos voluntariamente
hacer las pruebas genéticas, porque
entendemos su incertidumbre
y el dolor de quienes buscan a sus
familiares.
Aún hoy no comprendemos por
qué, a lo largo de casi siete años, estas
familias nunca aceptaron la realización
del análisis. Nos preguntamos
una y mil veces por qué siguen
con una duda que arrastran hace
tantos años. Por qué los tironeos y
las demoras pueden ser más importantes
que la respuesta que buscan.
El uso político de nuestra historia
es algo que nos parece injusto.
Tratamos de estar serenos pero
la presión a veces es muy fuerte.
Hace poco, por cadena nacional,
la Presidenta de la Nación se refirió
a nosotros sin nombrarnos. Su
mensaje, lejos de tranquilizarnos,
nos inquietó. Sus palabras fueron
perturbadoras.
Como en 2002, cuando llegaron
a detener ilegalmente a nuestra
madre, nuevamente las presiones
políticas y mediáticas han vuelto
a adueñarse de nuestra causa. Y
no queremos que algo tan íntimo
como nuestra identidad continúe
bastardeada por acusaciones lanzadas
sin sustento, ni por ataques
que tienen otros objetivos y nos
hacen daño.
No somos chicos, somos dos
personas adultas, responsables,
que sólo pretendemos ejercer nuestros
derechos y tomar nuestras propias
decisiones, sin presiones y en
libertad.
Pero sentimos que no podemos
hacerlo frente a un Gobierno que
nos persigue. ¿Por qué exponen
públicamente sólo nuestro caso?
¿Por qué no se preocuparon por
las demoras en los exámenes que
ofrecimos y traerían paz a las familias?
¿Se interesan por nosotros o
tienen la necesidad política de que
seamos hijos de desaparecidos y de
inventar acusaciones contra nuestra
madre?
No nos atrevemos a responder
a estas preguntas. Pero vivimos en
un estado de angustia permanente.
Nuestros temores crecieron los
últimos días, cuando un tribunal
desoyó nuestros pedidos por una
cuestión meramente formal, aunque
siempre habíamos actuado de
la misma manera y dicha actuación
había sido aceptada por la Justicia
en todas las instancias. Nos preocupó
también observar cómo se
intenta presionar a los jueces mediante
denuncias penales y amenazas
de juicios políticos.
Siempre creímos en la Justicia
y por eso nos mantuvimos en ese
ámbito. Nunca hasta ahora hicimos
declaraciones sobre una causa
que entendemos personal. Pero cada
vez hubo más distorsiones: hasta
se llegó a decir que nos manejan,
que nuestros abogados no respetan
nuestra voluntad.
Nuestros miedos son muchos.
No somos un botín. No queremos
terminar como rehenes de un ataque
político. No queremos que nos
usen para atacar a nuestra madre.
Tampoco queremos ser víctimas
de una manipulación en los análisis
genéticos.
Hoy, las muestras de nuestra
sangre que dimos en forma voluntaria
para un análisis genético,
pretenden usarse en otro tipo de
examen, con modalidades y condiciones
que no nos ofrecen garantías
de seguridad e imparcialidad.
No queremos que nos lastimen,
ni vivir amenazados, ni que se pretenda
ensuciar a nuestra familia o
dañar lo que logramos construir.
Sólo pedimos que nos respeten.
No queremos exponer nuestra intimidad
indefinidamente, sin garantías
legales ni científicas, y por una
persecución política.
Seguiremos defendiendo nuestros
derechos pese a todas las presiones.
Hace 34 años nuestra madre
nos eligió como hijos. Y nosotros,
todos los días, la elegimos como
mamá.
Nada ni nadie podrá destruir
ese vínculo.
Felipe Noble Herrera
Marcela Noble Herrera
Cargando...